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Ssshhh, silencio…
Y con un dulce susurro, mientras posaba
delicadamente su dedo sobre mis labios, dejando una pequeña marca sobre ellos, me hizo olvidar…
Así fue, o así creo que fue como
empezó todo este mar de incertidumbre en que se desarrolla mi vida. Puedo
pararme por un minuto a pensar el por qué de cada suceso que ocurre a mi
alrededor. Puedo meditar durante una hora, un día, podría pasar años analizando
cada hecho que tengo la suerte o la desgracia de vivir pero, ¿para qué?, y ¿por
qué iba a perder ese valioso tiempo mientras otras cosas podrían estar
ocurriéndome? Cosas buenas, cosas increíbles que me estaría perdiendo,
sensaciones posiblemente indescriptibles.
Llego a la conclusión de que las
cosas ocurren por alguna razón, una razón superior incluso a nuestros propios
deseos, a veces incluso superior al sentido común. Casualidad tal vez, quizá
cuestión de suerte, ya sea buena o mala según para quién y por qué, tal vez
para una persona creyente sea por la mano de Dios, cada uno según su fe o su percepción
religiosa. Podría ser también, sin embargo, porque en un plano superior,
infinito y abstracto, tiene que ocurrir…
Sea por lo que sea por lo que
pasan las cosas, lo que está claro es que cada uno de nosotros nos enfrentamos
diariamente a la toma de multitud de decisiones, todas importantes porque
marcarán lo que ocurrirá posteriormente en nuestro devenir pero, yo me planteo
si a la hora de tomar esas decisiones somos realmente libres, independientes de
todo lo que hay a nuestro alrededor y en nosotros mismos. «Yo soy yo y mi
circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo» (Meditaciones del
Quijote, 1914) que decía José Ortega y Gasset. Por esto me planteo hasta qué
punto podemos desprendernos de las experiencias previas, de los conocimientos y
los recuerdos de situaciones que pudieran guardar relación con la decisión a
tomar en un momento determinado.
Somos libres, pero también
esclavos de los sentimientos y las experiencias. Es por esto que quiero
compartir estas líneas porque, a veces, pensamos que no podemos cambiar el
rumbo que las decisiones, propias o ajenas, nos vienen marcando a lo largo de
la vida. Sin embargo sí somos capaces, podemos hacerlo en la medida en que
abramos los ojos hacia el alma y observemos la grandeza y el inmenso privilegio
que supone la oportunidad de vivir una vida.
Una vida puede ser larga o corta,
puede ser triste o feliz, puedes haber poseído todo cuanto deseaste o puedes
haber querido poseer siempre aquello que no estaba a tu alcance. Yo me planteo
si realmente tiene sentido disponer de una única oportunidad para
experimentarlo, si tiene sentido hablar de la evolución del ser o del
pensamiento si cada individuo único se lleva con él cuanto experimentó, cuanto
supo y aprendió, cuanto sintió en su vida.
Ps: Os animo a tod@s a ver la película 'Las vidas posibles de Mr. Nobody' como complemento a este post, es una de las películas más inspiradoras que he encontrado.
Ps: Os animo a tod@s a ver la película 'Las vidas posibles de Mr. Nobody' como complemento a este post, es una de las películas más inspiradoras que he encontrado.
