viernes, 9 de diciembre de 2011

El Nudo en los Cordones (II)


Ssshhh, silencio…

Y con un dulce susurro, mientras posaba delicadamente su dedo sobre mis labios, dejando una pequeña marca sobre ellos, me hizo olvidar…
Así fue, o así creo que fue como empezó todo este mar de incertidumbre en que se desarrolla mi vida. Puedo pararme por un minuto a pensar el por qué de cada suceso que ocurre a mi alrededor. Puedo meditar durante una hora, un día, podría pasar años analizando cada hecho que tengo la suerte o la desgracia de vivir pero, ¿para qué?, y ¿por qué iba a perder ese valioso tiempo mientras otras cosas podrían estar ocurriéndome? Cosas buenas, cosas increíbles que me estaría perdiendo, sensaciones posiblemente indescriptibles.

Llego a la conclusión de que las cosas ocurren por alguna razón, una razón superior incluso a nuestros propios deseos, a veces incluso superior al sentido común. Casualidad tal vez, quizá cuestión de suerte, ya sea buena o mala según para quién y por qué, tal vez para una persona creyente sea por la mano de Dios, cada uno según su fe o su percepción religiosa. Podría ser también, sin embargo, porque en un plano superior, infinito y abstracto, tiene que ocurrir…

Sea por lo que sea por lo que pasan las cosas, lo que está claro es que cada uno de nosotros nos enfrentamos diariamente a la toma de multitud de decisiones, todas importantes porque marcarán lo que ocurrirá posteriormente en nuestro devenir pero, yo me planteo si a la hora de tomar esas decisiones somos realmente libres, independientes de todo lo que hay a nuestro alrededor y en nosotros mismos. «Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo» (Meditaciones del Quijote, 1914) que decía José Ortega y Gasset. Por esto me planteo hasta qué punto podemos desprendernos de las experiencias previas, de los conocimientos y los recuerdos de situaciones que pudieran guardar relación con la decisión a tomar en un momento determinado.
Somos libres, pero también esclavos de los sentimientos y las experiencias. Es por esto que quiero compartir estas líneas porque, a veces, pensamos que no podemos cambiar el rumbo que las decisiones, propias o ajenas, nos vienen marcando a lo largo de la vida. Sin embargo sí somos capaces, podemos hacerlo en la medida en que abramos los ojos hacia el alma y observemos la grandeza y el inmenso privilegio que supone la oportunidad de vivir una vida.

Una vida puede ser larga o corta, puede ser triste o feliz, puedes haber poseído todo cuanto deseaste o puedes haber querido poseer siempre aquello que no estaba a tu alcance. Yo me planteo si realmente tiene sentido disponer de una única oportunidad para experimentarlo, si tiene sentido hablar de la evolución del ser o del pensamiento si cada individuo único se lleva con él cuanto experimentó, cuanto supo y aprendió, cuanto sintió en su vida.

Ps: Os animo a tod@s a ver la película 'Las vidas posibles de Mr. Nobody' como complemento a este post, es una de las películas más inspiradoras que he encontrado.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El nudo en los Cordones (I)


Se hace difícil dar el primer paso cuando llevas cargadas a la espalda tantas cosas que quieres soltar. Para este primer post he decidido contar algo, que si bien no es nuevo ni probablemente creativo, refleja en gran medida el espíritu de este blog.

¿Conocéis la historia del elefante y la soga? Cuenta que una persona que curioseaba a los animales de un circo vio a un enorme elefante sujeto, únicamente, por una fina soga atada a una pica. Sorprendida, y al mismo tiempo inquietada, preguntó a los responsables de estos animales sobre tal temeridad, pues era evidente que el paquidermo podría liberarse con el más leve deseo de hacerlo. Uno de los responsables del circo respondió, con gran seguridad en sus palabras que, desde que el elefante nace, es atado de esa misma forma a la pica y entonces es más que suficiente para impedir que éste se suelte. Con el paso del tiempo el animal asume que es incapaz de zafarse de la soga y deja de intentarlo, incluso cuando su fuerza ha crecido tanto o más que él. Da por hecho, pese a su fortaleza, que lo que le mantuvo retenido desde pequeño lo seguirá haciendo por siempre.



¿Cuántos lastres somos capaces de cargar? ¿Cuántas sogas podemos clavar al camino mientras lo recorremos?. Tarde o temprano nos impide dar un paso adelante, grilletes hechos de los cordones de nuestros propios zapatos.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

El deseo que no nace, que nunca muere

La soga de hilo nace con el deseo de aprender cada día un poco más. Somos habitantes de un mundo de deseos, sueños, frustraciones, preguntas, dudas, respuestas, vidas... Yo quiero que las sogas que nos rodean, aprietan y asfixian a veces, que no son sino simples y frágiles hilos que nos conectan a unos con otros y que nos atan y nos hacen libres al mismo tiempo se conviertan, con la ayuda de todos, en una red de seguridad donde aprender, comunicar, vivir... Bienvenidos.